Aug 112012
 
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“DIALOGOS”

de 

Vicente Zito Lema

 

HABLAN:

Horacio   Gonzalez

Juan Carlos Volnovich

Alfredo Grande

Enrique Carpintero

Vicente  Zito  Lema

INVITA:

Editorial Topía.

Martes 14 de Agosto a las 20 hs.

FM LA TRIBU.

Lambaré 873

Ciudad de Buenos Aires

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Mar 312012
 
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Amigos

 

Recordando a Mario Hernández y Roberto Sinigaglia

y los demás amigos desaparecidos.

 

Esto es lo que somos: hojas en la tormenta

Apenas hojas de luz pobre

golpeadas

hundidas

vueltas a surgir

Este es nuestro corazón: un cauce tumultuoso

y severo

Estos son nuestros ojos: tierra arrasada

¿Y qué son nuestros sueños sino sábanas que

apestan a desgracias nocturnas?

¿Y qué son nuestras manos más que una despedida

incierta

la puerta de pino rústico que se abre

al desamparo

el hueco donde desliza sus fiebres

el amigo perdido…?

Cómo detener el recuerdo que calma…

Cómo volver a esos pocos días en que la aventura

se aligeraba entre arenas no tocadas de

grano fino

entre riachos florecidos que siempre

conducían al mar

Un mar silvestre y furtivo llamándonos

llamándonos

ofreciendo la miel de la maravilla posible

el vaso de la celeste igualdad…

 

¿Tendrá el viajero marea alta cuando llegue

a puerto? ¿Habrá brisa suave en

su ribera?

¿Alguien esperará a ese viajero purificado

por la larga travesía

al amigo que sufrió en su cuerpo todas

las tormentas?

¿Alguien lavará de sus ojos la pesadilla…?

 

Moriré sin tener unidas en mi lengua

la tierra y el cielo

Alimentaré a un árbol un pez o un

perro sin haber visto la corona

de rosas en la frente del perseguido

He aquí mi imagen: un veterano de duelos

otro extenuado cazador

de palabras que confunde su cabeza en

 el barro

(Alcoholes alcoholes pesadillas del exilio que

acosa y por sobre todo esta ronda de

espejos y tragedias cuando llega la noche…)

No hay donde acudir desnudo y solo

¿Serás tú demencia la nube que calmará

una conciencia que hierve en la desgracia?

¿Tú demencia a la que toco para saber

cómo es el rostro del ángel que me espera…?

 

Esto es lo que somos: criaturas sin palabras

ante el discurso de Dios

Criaturas sin lágrimas ante el dolor de la

Madre del Amado

Criaturas que caminan frente a los ángeles que

vuelan

Sí: humildes criaturas de la tierra

saqueadas hasta en sus lágrimas y palabras

Hojas de luz pobre con las que se ensañan

los ángeles de la muerte

(¡enorme manto! ¡agua estremecida!

¿Pero qué has hecho de mis amigos / ángel oscuro?

¿En qué pozo o campo de lamento continuarán su

historia?

¿Por qué te apoderás de sus latidos / ángel

insaciable?

¿Por qué me ahogas?

 

Vuelvo a escribir

Por un momento dejé de hacerlo: necesitaba mirar

a mis hijas

Nada turbaba su sueño

El horror de la noche decaía junto a ellas

Festejé su presencia en el atierra

Acaricié ese resplandor o plegaria de luz

que bajaba desde el cielo hasta sus rostros

Y supe que allí está intacto todavía

mi amor por Dios y por los hombres

 

Con paz en esto que se llama alma o

corazón o profunda raíz

de la conciencia

Te espero sin derrotas ángel de la muerte

Hasta el último momento la memoria

nuestra pequeña alegría

¡Hermoso mundo! ¡Hermoso mundo!

amigos míos.

 

Buenos Aires, 1976

 

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Dec 262010
 
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Hablar de Eva

Por Vicente Zito Lema

¿Desde dónde hablar de Eva?

¿Desde un sueño en el principio de nuestra juventud, ella con su pelo

en el aire sobre la cresta de las nubes, sosteniendo una espada gigantesca

y sin dejar de sonreír,  o sea con toda la gracia, embiste ella que no es más

que una frágil muchacha de pechos diminutos, embiste y embiste contra

ese buitre de penacho negro, hábil para el desguace, terco y paciente,

que el fin hunde su pico de navaja entre sus ojos y ella cae, y todo se llena

de sangre, y el aire bulle, el aire ya no es aire, pesa, y el buitre levanta vuelo

y sube a la montaña y desde allí vigila a los que avanzan penosamente por

el camino?

¿Desde sus sueños de infancia pobre, en Los Toldos, tapada su cabeza con

una frazada para escapar de la mirada fija de ese padre que recién conocerá

en un cajón de muerte; desde su cuerpo tapado con papeles que no engañan

al frio mientras escucha el tropel de potros y tiembla ante los alaridos

de la indiada que nacen desde abajo de la tierra como nacen una y otra vez

los huesos de los vencidos ?

¿Desde la mansa Junín, cuando ella se sentaba a contemplar las danzas

del cielo y recitaba sonetos de amor y hacía con sus manos sombras chinas

y todas las ceremonias del teatro, hasta el día que llegó un cantor de tangos

que la sedujo con su voz de hombre triste, con la promesa de esa llave

que le abrirá las puertas de la ciudad lejana, donde los folletines de radio

se cumplen siempre con final feliz?

¿Desde su desamparo vulgar de muchacha provinciana en la Buenos Aires

de las seis terminales de trenes a vapor y de las grandes marquesinas

tan próximas y tan lejanas por donde bajan las estrellas de las broadcasting

con sombreros de plumas y zorros plateados sobre los hombros ligeramente

perfumados, rumbo a ese palacio de músicas y bailes donde ella no va,

porque todavía la cenicienta del cuento no ha encontrado al hombre poderoso

que la besa y redime de la bastardía y de cada hora de hambre y de cada caricia

que no fue legítima, porque sólo los ángeles tienen el derecho de acostarse

a nuestro lado desnudos y sin amor?

¿Desde el amor, desde qué amor; el amor que gratifica y repara a la hora

de los lobos cuando suena el teléfono y una voz extraña nos dice que

nuestra madre ha muerto; el amor que se frustra y engendra el odio, ese

pájaro perverso que se mete en el alma y la transforma en cueva; el amor

que se sabe frágil y se pretende eterno; el amor en donde se confunden

para la suprema edificación del hombre, las obsesivas ideas de salvación

y perdición del espíritu; el amor que se evade de sí y busca su recinto

allí donde están los otros hombres con sus historias pequeñas y diarias,

únicas; el amor que destruye al mundo del no amor para crear en el amor

el único cielo que está en la tierra; o acaso ella quiso ser algo más que la

plena luz del amor?

¿Desde dónde hablar con Eva,  o Eva Duarte, o Eva de Perón, su negrita

-¡que se casen, que se casen! Les gritaron sin camisa, frente a la casa,

o sea sus hermanos que pedían para ella un final con Libreta del Civil

y fiesta- , o Evita la de todos, que es decir la que fue y puso el cuerpo

para que muchos años después, años que acaso no alcancen a ver nuestros

ojos, cuando tanta obstinación se cruce de una vez y para siempre con la

historia, alguien con aire doctoral pueda decir: en los antecedentes de nuestra

revolución hay una mujer, y muestre su retrato, y otra generación se enamore

como nos enamoramos nosotros cuando éramos jóvenes y la muerte

tocaba su tambor en la casa de enfrente?

¿Desde la actriz en giras dudosas por teatros dudosos y hoteles también

dudosos; la de Betty, Peggy, Mary, July, dulces y adoradas rubias de

New York, estrellita Eva sin mayor estrella?

¿Desde el terremoto de San Juan, cuando entre lutos y beneficios por los

que lo perdieron todo se cruza con el Coronel y comienza la leyenda

de dos, como un canto de muchos que se bifurca hacia el infinito?

¿Desde un Octubre 17, y ella que sale y ella que no sale, ella heroína

o temerosa soñadora; ella que va en busca de los que hacen la historia

o los que hacen la historia cruzan los ríos, cruzan los puentes, y la hacen

a ella, quieren tener algo dulce y bello para luchar con más ganas, o para

morir con menos miedo, igual que un corazón en el medio del tiempo?

¿Desde todo lo que quitó con odio cantando como una niña: el que le quita

a un ladrón tiene cien años de perdón; desde lo que dio con amor, o sea

desde ella y por ella, porque de ella eran el hambre de muchos que mitigó,

las heridas que cerró, las humillaciones que lavó, las bocas enfermas que

besó; esa boca crispada que lanza las señales a la multitud, esa boca

convertida en llamarada que anuncia: vendrán por la revancha, vendrán

otra vez para humillarnos, vendrán por la noche con sus cuchillos del

degüello, y quién será vigía cuando no esté yo?

¿Desde su rostro de bella porcelana de Limoges, sus aires de señora,

su peinado de rizos, sus vestidos largos de Jaumandreu y ese rubí y esa

perla y todos los juegos de cortesana y todas las mascaras del ceremonial

que probó y dejó, porque no eran de ella sino que pasaban por ella

purificados como en un capítulo más de la gran novela, porque quienes

en verdad estaban allí eran miles de muchachas de barrios y provincias

con sus boquitas rojas y felices, al menos por unas horas, y salvadas,

al menos por unas horas, de la fealdad y la pena; porque donde ella estaba

era en la fuente, lavándose los pies con un gran movimiento sensible

por medio del cual los pies lastimados de los otros llegan a ser sus pies

de bailarina que corre por las calles y danza entre nubes como

si fuera la aurora?

¿Desde el poder que tuvo en sus manos y dejó escapar como lluvia

entre los dedos y no como oro que no se repite, porque el poder que

llevó al país por donde el país anda tiene dioses, a los que ella no adoró,

y tiene reglas para subvertirlo de cuajo que ella no cumplió, son reglas duras

las de la revolución, y no se olviden que ella era una muchacha romántica

movida como todos saben por el amor, o por el odio, que también se sabe

vive bajo el mismo lecho y usa la misma sábana?

¿Desde dónde hablar de ella ahora que como nunca hace falta; ahora

que el cansancio y la desesperanza nos amenazan, nos invaden;

ahora que la otra cara de su belleza es la fealdad de esos hombres que

saltan del folletín y buscan instalarse en el poder con sus muecas y

sus risas y sus manos que no olvidan de apretar la soga que nos anuda

la garganta?

¿Desde la conciencia de clase que tuvo y los enemigos de clase que se ganó,

porque se cosecha lo que se siembra y ella ¡vaya que sembró!?

¿Desde las milicias obreras que deseó hasta poner el deseo en la punta

de sus dedos, que nadie antes que ella tuvo tan claro en este siglo,

en estas tierras perdidas del sur, de qué manera se ganaba o se perdía

la partida?

¿Desde la justicia con el esplendor de un delirio

que la quemó en la hoguera?

¿Desde el hierro de su mano con que marcó la frente

del traidor?

¿Desde la mujer que votó; desde la mujer que puso su pie en la política

para poner sentimientos donde sólo había impiedad y negocios;

desde la mujer que se quedó en la Plaza de las grades fiestas y allí enterró

a sus muertos y allí tuvo sus hijos que ahora busca los jueves en la misma

Plaza, de espaldas al río, a despecho de olvidos y perdones?

¿Desde su enfermedad, pobrecito su cuerpo; ella sin otro hijo que el cáncer

en las entrañas; ella de 33 y ya santa; ella orada, ella con flores, ella pedida

como se pide que venga la luz después de la tormenta que parece eterna

y aterra?

¿Desde su renunciamiento, o sea la caída de un proyecto, o sea la derrota

de ese gran salto hacia adelante que pudo ser y no fue, porque sólo fue

el comienzo de la gran marea que levantó los cuerpos por las alturas

y los estrelló contra las piedras y los convirtió en nada de vida,

apenas jirones de rostros y de hombres que el viento trae y lleva,

ni siquiera hojas para la tierra, tumbas como cántaros para recoger

las lagrimas?

¿O debemos hablar desde su muerte en días en que se juzga a los dueños

de la muerte? ¿O desde su vida, ella saqueada hasta en sus últimas palabras

pero viva?

Viva y erguida con su dedo acusador dividiendo las aguas.

Anunciando en nuestro silencio herido sin ángeles ni profetas

que la muchacha del gran amor volverá blandiendo su espada

y será millones.

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Dec 182010
 
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Rapsodias de la pobreza

Por Vicente Zito Lema

I

Sin mirada de amor

Que de sentido

Al vacío que lo espera

En el pozo que lo traga

Con suavidad de lengua

El que vive su luz

Sobre el cuerpo en llagas

De la pobreza mata

Su eternidad de agonías

Tras la sombra implacable

De quien tan solo muere…

II

Por no pagar más tributo

en el reino del infierno

Ni rendir buena plusvalía

con el final del hueso;

Por obstinarse en seguir vivos

y reproducirse sin pavor / sin temblor

sobre las camas calientes y los espejos frío

aunque la cuenta del almacén resulte una ventana al abismo

y suba el costo de la vida como los pastos incendiados

Por tales crímenes de saña y de alevosía

y otros de estirpe semejante

Los pobres deberán cumplir con su condena

bajo sol o bajo lluvia impía:

Entregar el alma como si fuera el oro del río

Tapiar con gruesas pesadillas la conciencia

Convertir sus cuerpos que bien conoce el demonio

en el vaciadero del mundo…

III

Desnudos…

Con una mano adelante y otra mano atrás

Sorprendidos…

A la vera del camino

En su inocencia que espanta

Mientras la tarde languidece

Mientras el sol pasa

del amarillo al rojo

Y llena de belleza

Los vasos de la vida…

Ellos miran a lo lejos

muy a lo lejos…

IV

Como lluvia del alba

Como una huella en los vuelos de la espuma

Tan así porque sí igual que la belleza

cuando decae el día

Y la vida no tiene otro sentido

que estar vivos y coleando

sobre una bóveda cargada de estrellas…

Sin conocer con sus cuerpos mayores alegrías

Pagaron por igual y con esos mismos cuerpos

Que nadie ni nada rescata

La deuda atroz que el amor

Tiene con la pobreza…

V

Músicas, suspendidas en los hilos

de las sombras…

Ya nada cambiará las reglas del juego…

Un juego con cartas marcadas

y apuestas que exigen tajadas de carne…

La noche sigue anochecida…

Y el agua es quieta y arde de turbia

en el lecho del lago…

Vacíos son los ojos de la muerte…

Fatigoso, su aire…

La niña que ayer nos dio

su danza amorosa

Hoy saqueó el alma de los cadáveres

en el hospital de pobres

Con minuciosa risa…

VI

Tristezas, en el patio trasero de la vida…

Hemos nacido más que tarde… La ilusión huye

con pasos de gigante…

Ciegos, en lujuria de luz…

Mudos, ante el derroche impiadoso

de la pobreza

No hay bien, en la soledad del espanto

Ni maldad, en los ríos continuos

del sacrificio…

Y hasta el silencio

Que alguna vez brilló como dorada ausencia

Opaca sus alas en un vacío

que ya no es cielo…

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Dec 182010
 
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Oración

Leída en la tumba de María Angélica Sabelli

Por Vicente Zito Lema

Señor no sé si María Angélica creía

o no creía en vos

tampoco sé si al final del día / a la hora de los lobos

y las nubes negras / ante el espejo del justo amor

eso sirve para algo / más que un ruego o una servidumbre

pero no dudo que estuviste a su lado

cuando la torturaron y otras agonías / como lluvia de vidrio

en la comisaría de Villa Martelli

y que fuiste vos quien arrimó un poco de paz

por piedad o bondad una gota de rocío / agua del milagro

sobre su cuerpo enloquecido / vuelto carne en la carne machucada

de tanto golpe / a pura picana / ese cuerpo abierto y padecido

hasta convertirse en muchedumbre de dolor / en sinfonía de espanto

Señor ella tenía el pelo negro (como ala de pájaro)

los ojos traían la luz de quien mira más allá

y su mano pequeña había escrita alguna vez / bien grande

y a los apurones

PERON VUELVE

o acaso dulce patria mía

como quien dice vuelve la alegría / los niños no vivirán para la muerte

vuelve a limpiarse un poquito el cielo que abundó en la sangre

o mejor aún como quien siente

que la patria es un murmullo de vientos

y de músicas sagradas

un aliento que tiembla / una arenita que se queda

para siempre en los dedos…

Señor recuerdas cuando en la cárcel de Villa Devoto

ella se subía a la ventana y miraba los cielos que nacen

detrás de los rojos cielos

¿miraba la muerte que le venía pronto?

¿miraba esos pasos que no daría?

¿ese mar silencioso que le esperaba?

¿pero sus ojos eran el mar / sus manos eran el fuego

en la mañana breve?

¿su vida una esperanza que se desvanecía / una nube

de ángeles desnudos?

Señor no habrás olvidado

cuando a María Angélica la llevaron al sur (como si fuera ganado

y no aleluya)

y que en la celda de su última penal

ella acomodaba su poca ropa / leía

poemas para sus compañeros

planeaba la libertad

y esperaba alegre la llegada de cada último

domingo del mes

para ahuyentar la melancolía de sus padres / su sonrisa

era una gloria para ellos

Señor conoces toda la historia

la fuga / la toma del aeropuerto / un avión que no aterriza /

su entrega a los jueces / la promesa / las fuerzas de la Marina /

sus últimas noches en la base Almirante Zar (de espaldas al mar)

y de cómo vejaron su cuerpo de niña / su alma de niña

que anhelaba las glorias…

ella estaba en un pasillo con la cabeza baja (¿y las nubes… y las nubes…?)

llevaba sus mantas y esperaba

un nuevo interrogatorio

una nueva tortura… (¿un abandono sin respuesta para el

ayúdame Dios mío…?)

Señor primero fue un tiro en el brazo / después le destrozaron la nuca

y aunque ya estaba muerta

volvieron a pegarle un balazo en la cabeza (…la sangre / la sangre…)

Señor para esa madrugada no tengo pájaros del cielo ni belleza

de la tierra

no tengo otra cosa que el recuerdo de la madre de María Angélica

mientras viajábamos a rescatar su cuerpo

no tengo más que esa sonrisa de antes

que conocía de María Angélica

la sonrisa de quien tenía veinte años el pelo negro

y alguna vez había escrito en la paredes / en los muros / en el agua…

su grito de vida

su grito de tempestad

su grito por el grito de los 16 asesinados

por su sangre en las paredes en los pisos

en las caras en las manos en el país en los olvidos

Señor la joven viajera no se resigna

no se resignará Señor

¿Señor esperas de nosotros el olvido?

¿el olvido Señor y así perder el amor de ella / ella que

era criatura celeste del amor…?

¿así perder la revolución de ella / ella que

vivía como si  fueran eternas cada hora de la revolución…?

¿y así dejar marchar el tren que lleva a los sueños

como olas bravas a la mar / la savia al girasol /

o sea la vida a la vida…?

Quien olvida traiciona Señor

Nuestra gran memoria

Nuestra única riqueza

La debida aventura

Esa estrella gigante

El único camino.

Vicente Zito Lema

Memoria de aquel agosto de 1972

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Dec 182010
 
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Memorando el 11 de Septiembre en Chile

Sueña una vez más Salvador Allende

Por Vicente Zito Lema

Si las manos de la abuela no tuvieran

esa mala enfermedad que las tiembla

por cierto cumpliría las reglas de su oficio

y haría un buen pan que tendría las formas

del rostro de Salvador

lo comeríamos en silencio cuando anochece

y así quedaría en nosotros mucha de la fuerza

del compañero asesinado

Tampoco cuesta imaginar que si la muerte al abuelo

no lo hubiera  buscado

podaría sabiamente las ramas de la viña

para que otra vez su vino fuera una fiesta

lo pondría sobre la mesa

larga y de madera perfumada que resiste todo

como la patria de Salvador

la luna brillaría sobre la tierra

y el aire del patio sería el espeso aire

de las minas de cobre

por las que también luchaba

el compañero asesinado

El resto de nosotros no tiene buen oficio

las mujeres aman y sueñan

socorridas por la esperanza

arreglan la casa

o trabajan en inútiles oficinas

mi padre a su vez tiene los ojos azules

día a día más ausentes

y carga y descarga ese viejo revolver de

cowboy  que nunca usó

Qué pueden ofrendar entonces

al compañero asesinado

más que una nueva tristeza o un brindis

de duelo en una vieja historia

Y si hay un oficio para esta noche

francamente estéril / acaso macabro

es este de escribir / sobre el agua / en el viento

cuando las palabras son herramientas

que han perdido todo su conjuro

ya no calman al tigre ni detienen el veneno

y si digo Salvador Salvador no aparece

ni se para la sangre de su boca

ni mira una vez más los celestes

ni ayuda a crecer al árbol que amaba

y por más que grite miserables / asesinos

los miserables y asesinos

seguirán fusilando por la espalda

uno a uno

a los francotiradores de lo único posible

seguirán bombardeando las fábricas la minas

seguirán enlutando

paseando las perras del exterminio

por los barrios de Santiago y Valparaíso

Pero aún así las palabras

esta noche de duelo

son carne podrida

es necesario sacarlas

hasta quedar más desnudos que nunca

más en hueso todavía

la guerra es larga continúa

y nuestro es sólo el balbuceo

estamos aprendiendo a hablar y a caminar

Ven Salvador

deja por un instante los silencios

danos tu mano que nunca será fría

y sueña una vez más con nosotros

en voz alta en alto cielo

Ha llegado el día de mañana

Ha llegado y para siempre.

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Nov 092010
 
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Cuestiones con la vida (De Nueva York a Kabul)

I.

Escribo en este domingo de octubre mientras no cesa la lluvia, que pareciera eterna, y la poca luz que resta de la tarde se convierte en sombras.

Otra vez la guerra. Caen las andanadas de misiles sobre la comarca yerma y tan herida de Afganistán.

La anunciada venganza del Imperio se consuma. Más que ruin, ostentosa y aséptica. Desmedida en su despliegue de armas y riquezas. (Salvo los cuerpos nada hay que tenga el precio de un misil en Afganistán.)

¿Qué se castiga? ¿Cuál es el verdadero fin del exceso?

¿Qué pueden destruir que no sean vidas y montañas? ¿Eso se pretende, acabar con las vidas y las montañas?

¿Qué no han destruido los nuevos salvajes durante el siglo XX? ¿Qué anuncian para el siglo que llegó? ¿Cuerpos a granel que se convierten en carroña? ¿Ríos y montañas en los umbrales de la nada?

¿Han mirado con atención el rostro del jefe del Imperio? ¿Esos ojos y esa boca mientras dice “Justicia infinita”, “Libertad duradera”…? ¡Espanto! ¡Espanto!

Cómo. Cuándo. Quién los detendrá…

¿Y mañana, con lluvia o sin lluvia más muertos sobre la comarca yerma y tan herida de Afganistán? ¿O caerán los misiles que nada tienen de música en Irak, Libia o Sudán, o Palestina? ¿El horror que viene del mar o del cielo para sellar las gargantas allí, donde la demencia militar señale enemigos o la usura de Wall Street. denuncie depósitos de gas o de petróleo listos para el saqueo?

¿Y la moral? ¿No sirve la moral para callarse la boca ante los crímenes del Imperio? ¿No sirve el arte de Whitman, Miller o Capote para cerrar los ojos ante las carnicerías con las que el Imperio anuncia el the end de su relato?

Que no haya más confusión de la debida: también dentro del Imperio hay lucha de clases, se cultiva la conciencia crítica y las voces de belleza, pero nada de nada exorciza la muerte que se convierte en solución final de los conflictos.

II.

Se preguntará: ¿Y del 11 de septiembre y de las Torres y de los muertos entre los muertos, los escombros y el fuego, qué?

Que cuando la desgracia ocurrió nuestro corazón se heló, nos tomamos la cabeza igual que de niños, confundidos, anonadados ante una realidad que desbordaba el vaso de la comprensión.

Que si fuera posible detendríamos el reloj un minuto antes del estallido para darle una nueva oportunidad a la historia.

Una historia –la eterna ilusión– donde EE.UU no fuera el morbífico Imperio que amenaza a la humanidad y esa carta de Marx a Lincoln augurándole un espacio de libertad profunda hubiera sido la campana que aún tañe en nuestras vidas.

La muerte no es belleza. La muerte no es amor.

Los cadáveres se amontonan unos sobre otros. Nada los distingue.

El alma, si existió, se ha marchado. Pobrecitos los muertos, el tufo nos ahuyenta. Qué les dará consuelo. O mejor, sentido.

III.

¿Para qué los muertos de septiembre en Nueva York?

¿Para qué los muertos de octubre en Kabul?

¿Para qué los muertos de Irak, Yugoslavia o Chatila?

¿Para qué los fríos muertos que de las calientes guerras vendrán?

¿Tan eternos los muertos como las lluvias? ¿Tan implacables las guerras como las lluvias?

¿Sirve de algo recordar que para cada día de este año las Naciones Unidas han previsto que morirán de hambre 35.600 niños? Cada día. Cada día.

¿Y estos muertos de la mayor inocencia no se mirarán, no se tocarán, no habrá llantos ni himnos ni discursos para ellos?

¿Qué categoría de las que con liviandad se juegan, “terror” o “terrorismo”, para darle nombre al horror que está más allá de la piedad? ¿O no hay palabras? ¿Tampoco nombres?

IV

¿Seguirá siendo la guerra la continuación de la política por otros medios? ¿Qué política, la que justifica la antropofagia o la esclavitud, que al fin de cuentas de ello siempre se trata?

¿Qué guerra, la que impone esa misma antropofagia y esa misma esclavitud que como todos saben en poco se distinguen?

¿Hay otra política? ¿Quién habló del bien común, del vínculo público y amoroso que se establece como ser y esencia de la existencia?

¿Hay otra guerra? ¿No se soñó con las disputas en la ley para saldar las diferencias?

¿Habrá un camino para que el fin de la antropofagia y la esclavitud no tenga un precio de usura eterna y la moneda de pago no sea la vida?

V

¿Es posible en un tiempo sin inocencia que obre la verdad en nuestro espíritu?

Si así fuera, ¿cómo distinguir el bien del mal si en el mal se asienta la razón de nuestros días…?

¿Hemos nacido para la vida o ante la vida que se torna abyecta en el sufrimiento tendremos en la locura y el suicidio la primera esperanza, el último consuelo?

¿En nombre de Alá, la inmolación que abre las puertas del cielo, porque la tierra es un espanto?

¿Para honra de Dios la muerte de quienes en su agonía llevaron su muerte hasta el umbral de esa casa poderosa donde nunca la tragedia tuvo su lecho?

¿Quién recoge la gloria de los cuerpos humillados, de los pobres entre los más pobres con los pies desnudos?

¿O ya no hay gloria porque estamos en el centro del Infierno?

¿Un demonio ante nuestros ojos? ¿O son dos?

¿O necesitamos un demonio, dos demonios, mil demonios porque en tiempos del Imperio absoluto era de buen tino callar lo que todos sabíamos: que en el origen de los actos de guerra y de sus muertos se juega como lucha de clases la propia existencia de un Imperio que hizo de las tierras un baldío y tal vez mañana un desierto?

VI

¿Tendremos en el silencio de la muerte las respuestas que nos niega la vida…?

Vicente Zito Lema, Buenos Aires, octubre de 2001.

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Nov 092010
 
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Francisco Urondo, la poesía puede más que la muerte

I. Los escritores que la dictadura se llevó

 

¿Dónde está aquel libro que decía todo el agua del océano será poca para lavar una sola mancha de

sangre intelectual? ¿De qué biblioteca allanada en perversa oscuridad por el odio o el miedo, de qué casa

de infancias y recuerdos que ya no serán sepias ni olerán a jazmín, de qué despedida breve, de qué

naufragio sin costas, de qué huida a los tumbos, de qué cuerpo que se destierra pero no se va, de qué

valija por el suelo en un puerto de ultramar y sin respuestas, de qué abrigo mal abierto en una cárcel del

sur o en una comisaría para extranjeros en el norte, de qué mano temblorosa que se despide, de qué ojos

cerrados porque el dolor es mucho, de qué ultraje, de qué aullido, de qué sueño celeste o pesadilla negra

y tumefacta, de qué vida que se hizo muerte fue quitado sin piedad ni regocijo aquel libro que decía toda

el agua del océano será poca para lavar una sola mancha de sangre intelectual? ¿O nunca existió ese

libro y esas palabras para aferrarse en plena tormenta y desvarío? ¿O no fue de tantos y por años esa

mancha que no lavarán las aguas ni secará el viento del este ni el sol rojizo del desierto? ¿O ya no se ve

esa mancha áspera, quejida, esa mancha en las calles, en los muros, en la conciencia?

¿Cómo escribirás, Francisco Urondo, en la noche sin resquicios? ¿Necesitás una luz de amor?

¿Cómo escribirás en la noche sin finuras? ¿Necesitás una luz de belleza?

¿Cómo escribirás en la noche sin término? ¿Necesitás una luz de esperanza?

¿Cómo escribirás en la noche callada? ¿Necesitás una luz de alegría?

¿Cómo escribirás en la noche vacía? ¿Necesitás una luz humana?

¿Cómo escribirán Paco y todos ustedes, mis queridos amigos, caídos en la noche sin olvidos ni

socorro, mis compañeros en la ardua tarea de cazar palabras, ahora que la antigua piel de Dios está

cubierta de sangre?

II. Alguien nos espera al final del camino

Me golpeó fuerte, en la nuca, lo de Paco. Estaba en la redacción de Crisis, un compañero lo dijo, me

quedé mirándolo. Anocheció pronto, no se vieron los pájaros del presagio ni la caída de una estrella

fugaz. Sólo el frío metiéndose en los huesos; era junio en Buenos Aires y la turba de asesinos, ya de

uniforme, se alzaba contra la vida.

Caminé mucho, hubo paradas cortas para el ritual alcohol; no encontré a los que buscaba, nadie para

ahuyentar la noticia o compartir el duelo. Recalé en el Bajo, aunque por entonces no era seguro, y me

puse a borronear unas palabras. Dos años después, yo sobrevivía en un pueblito de Catalunya, lo

borroneado se convirtió en un poema que probablemente no cambiará ninguna historia. Pero Paco sí,

había cambiado la historia de muchos. Paco ahora, que se nos quedaba silencioso, había alcanzado la

hondura de humanizar las palabras. Ya no se podía volver atrás y todo lo nuevo que se creara, hoy o

mañana, se quisiera o no, lo tendría de referencia. Eso lo tuve claro aquella noche de invierno en Buenos

Aires, en un café desierto del Bajo.

En esos tiempos no nos veíamos mucho con Paco. Tampoco me arrogaré haber sido su gran amigo,

como lo fueron Juan o Roqué, a quien tanto respetaba. Pero el cariño se notaba cuando nos

encontrábamos, y estaba el haber compartido historias, por ejemplo la Universidad, cuando fue director

y yo profesor en Filosofía y Letras, el trabajo periodístico, asuntos de la poesía y hasta las visitas que le

hice en la cárcel, mientras estuvo preso en el 72.

Compartíamos, además, el gusto por la ginebra y las charlas de madrugada y una misma fascinación

por el teatro y las actrices. Y la política, claro. En los años 60 una generación comenzó, sin saberlo bien,

aunque sin timideces, a soñar un gran sueño. Estábamos marcados a fuego por la Revolución Cubana,

mejores o peores discípulos del Che y de su ética, de Camilo Torres y su pasión concreta; además,

enamorados fieles de Evita, teníamos a los sacerdotes tercermundistas por amigos, Marx y Ho Chi Minh

en la cabeza, la resistencia peronista en el corazón y el tango nos había dado el culto de la amistad y la

melancolía.

¿Quién de nosotros, lectores de Lautréamont y Artaud, Maiakovski y González Tuñón, Cortázar y

Marechal y el más cercano Walsh, y que visitábamos a Juan L. Ortiz en su casita frente al Paraná con

espíritu asombrado, no había soñado convertirse en un poeta de la revolución?

Despreciábamos, dentro de la jungla literaria, tanto a los que se amparaban en el arte por el arte, en

los juegos de palabras, en la pura reflexión o en la sensibilidad pasiva, como a los que pretendían

escribir para el pueblo desde una distancia impoluta, sin riesgos vitales, bajo la protección de las momias

de un partido y casi siempre apelando a la más grosera desvirtuación del realismo socialista.

Lo nuestro quería ser distinto. Buscábamos combinar la mejor poesía –sin privarnos de ninguna

posibilidad creativa, sin atarnos a comisarios culturales ni a la sacrosanta estética– con una experiencia

concreta, cotidiana, que nos mojara el cuerpo y nos hirviera el alma como si fuéramos los fogoneros del

tren a las estrellas. La cosa era: entregarse sin retaceos, sin clemencias ni usuras al cambio de la vida y la

sociedad.

Había que ganarse el derecho a ser poeta, y a guardar un espacio para la poesía, en el mismo foco de

la revolución. Posible o no, contradictorio o coherente, era un profundo desafío que nos movilizaba. Y

de pronto la realidad era Paco, perseguido por las calles de Mendoza, queriendo la libertad a tiros,

tomándose una pastilla de cianuro, rematado, aún vivo, indefenso y con los ojos abiertos, por unos

malandras que le metieron dos balazos en la cabeza, después que él, Paco, cubriera la retirada de una

compañera y de su mujer que se llevó a la pequeña Ángela, la hija nueva del viejo Paco, quien se quedó

adentro del coche con un revólver sin balas en las manos y que también había escrito varios de los

mejores poemas de nuestra época.

La muerte de Paco. El primer poeta que caía en combate frente al enemigo de siempre. Y la

revolución lejos, más lejos que nunca todavía. Era el invierno del 76, crecían la derrota, la muerte, los

desaparecidos, la cárcel, el destierro. Paco se había convertido en un descarnado anuncio.

Recuerdo que me fui de aquel café del Bajo con la ginebra y la tristeza a paso lento hasta mi casa. Y

me entregué como un ángel o una bestia –ya no sé y quizás tampoco importa la diferencia– a la mujer

hermosa y distante que me esperaba. Siempre sucedía así. Se perdía un compañero y uno se aferraba al

amor, si lo tenía, o a la aventura breve que se creía eterna –y acaso lo fuera– para poder sentir que

estábamos vivos, que seguíamos siendo jóvenes y fuertes y bellos, capaces de mirar al mundo con los

ojos del sueño. Lo cierto era que la flecha del destino se había lanzado y los dioses pasaban a mostrarnos

su rostro amargo.

Han pasado los años. ¿Qué de nosotros y del gran sueño? La poesía de Paco que avivaba aquel sueño

no ha perdido su frescura. Mantiene esa honda música que anuncia la mañana. De la revolución se dirá,

y acaso con razón, con la razón que se sustenta en el horror padecido, que nuestra generación, por pecar

de romántica y aventurera, por terribles errores de concepción y de método, la hizo retroceder en el

tiempo y en la conciencia social. La historia sanciona sin pudor ni piedad a los que pierden, y el proyecto

de nuestra generación fue destruido. Acepto las críticas de los otros y mis propias pesadillas. Pero

tampoco renuncio al orgullo de decir que en la época en que fue posible soñar a lo grande, fuimos

tremendos soñadores, y quienes no soñaron entonces –y ahora hablan y miran desde la soberbia del culo

sentado que nunca se equivoca porque no mueve el culo– es porque vinieron a esta tierra para arrastrarse

y no soñar. O quizás, simplemente, porque más allá del discurso, sus intereses y real ideología se

confunden con los que han sido y serán nuestros enemigos de clase. Esos que han hecho del país una

tierra baldía y de la vida una dura tristeza que se renueva. Sí, pienso en lo que escribió, en lo que hizo y

hasta la forma en que Paco eligió la muerte, y siento por él, y por tantos otros de nuestra generación,

emoción y orgullo. Así de simple.

Desde que volví al país me encontré varias veces con Javier, el hijo de Paco. Noches pasadas me

contó cosas que yo no sabía o quizás había olvidado. La compañera que estaba en el coche con Paco

logró salvarse. La mujer de Paco fue detenida y está desaparecida. Ángela, la nenita, ha sido recuperada

y ahora vive en La Pampa con los abuelos maternos. La hija mayor de Paco, y también su marido, fueron

secuestrados a los pocos meses y tampoco se tiene de ellos la menor noticia. En cuanto a Paco, está

enterrado como NN en la bóveda familiar, en Merlo, y las autoridades no han dejado siquiera poner una

placa con su nombre. Antes de morir, meses antes, hizo un testamento. Reconoció a su hija pequeña, a

quien no pudo darle su nombre por ser un perseguido, y dejó, como única herencia, los libros que había

escrito.

En estos nuevos y confusos días parece que un derrotado que viene del exilio, y que además no cree

mucho en una democracia con presos políticos, con asesinos y torturadores sueltos por las calles, tiene

muy poco para decir sin que lo muerdan los perros. Aún así me animo a sostener que Paco Urondo fue

un real poeta de la revolución.

Estoy seguro de que habrá un tiempo en que su poesía y el gran sueño, por lo que vivió y murió,

andarán armoniosamente de la mano.

Alguien nos espera al final del camino.

Post Scriptum: Escribí este texto, recién vuelto del exilio a la Argentina. ¿Qué hay de nuevo sobre Paco?

Poco a poco se han ido publicando sus poemas, aparecieron libros de investigación sobre su vida y un

documental que se anima con su historia. También hemos organizado un concurso de poesía –que a él le

hubiera gustado–, que lleva su nombre, para los presos de las cárceles de la provincia de Buenos Aires.

Algunas aulas escolares lo recuerdan, igual que la placa que un muy pequeño grupo de amigos pusimos

sobre su tumba una tarde de invierno en que, por supuesto, llovía.

III. El poeta y la poesía

Todo gran poeta nos instala en el secreto corazón de la poesía. Así sucede con Francisco Urondo. Sus

poemas trascienden las meras formalidades del canon literario, la prisión discursiva del espíritu humano

homologada como letra pura (esa extensión posmoderna de una ley más antigua, confusa y al final ni

idealista ni pragmática, sino perversa, resumida en una de sus especies como el arte por el arte).

La poesía de Francisco Urondo llega a ser la voz del eterno desgarro de la criatura humana que se

obstina en rescatar la belleza en los escondrijos más profundos de la verdad.

Dicho en otras palabras: aun en los tiempos de la muerte, o como en su momento dijera Rimbaud, «el

tiempo de los asesinos» (hablo de una reproducción material de la existencia basada en la antropofagia y

su filosofía del crimen de la pobreza), hay un bien, hay un amor y hay una necesidad de justicia que se

corporizan desde la mirada del otro, del mí que yace en ti y que desemboca en sentir como propio el

dolor ajeno (ese otro sufriente que, como escribió Rodolfo Walsh, al hablar de él habla también de

nosotros, se socorre en nosotros…) y que necesita del deseo para convertir la mortificación en devenir

dichoso.

Hay un deseo que anuncia la mañana del mañana y corporiza la poesía. Esa poesía que brilla –al igual

que las utopías, los delirios y los secretos del alma– en los poemas de Paco Urondo, a través de su

registro del «espacio de amistad» y del «espacio de amor». Esa poesía que acompañó su hermosa vida,

marcada por las prédicas éticas y políticas de Ernesto Guevara (no se olvide lo que Urondo escribió

sobre el Che y su militancia original en las Fuerzas Armadas Revolucionarias); esa poesía que

finalmente dio sentido a su hermosa muerte.

Entiéndase: no digo que la muerte sea hermosa (la muerte no es más que una topía de muerte y es

impensable desde la vida), digo que Francisco Urondo murió hermoso, resguardando hasta el final a las

mujeres que amaba, a los compañeros con quienes luchaba y a los sueños que soñó y que siempre supo

eran más que una ilusión, eran plena materialidad social que no deja de construirse, aunque sean

agónicos los retrocesos y se tiña el horizonte de sangre.

Otra vez la poesía, a la que también acudimos en la hora del consuelo (¿o acaso no hay pena cuando

traspasamos el umbral de los recuerdos…?).

Vemos a Francisco Urondo, instalado en un espacio paradojal: hay una materialidad extrema de lo

público, urdida por una conciencia crítica que arde y lo quema, y a la par una subjetividad acrecida

desde los vínculos amorosos, como un río del deshielo que recorre las mejores pasiones de la vida. Hay

un viaje. Nace una aventura, que no se desmadra, contenida desde una ética de la responsabilidad.

De allí que los poemas y demás escrituras de Francisco Urondo –sus novelas, su teatro, sus guiones–

tengan una generosa y a la par armónica capacidad de símbolo, y como muy pocos artistas en la América

Latina llega a representar la épica de toda una época y la praxis liberadora de una apasionada generación

que nunca dejó de buscar los cielos en la tierra, por más dura que fuera la porfía.

Buenos Aires, septiembre de 2006

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Nov 092010
 
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OEUVRE POETIQUE

Traduit: Feli Lansade
Passion pour la justice

Quand il vit les humbles papillons du marais

Avec leurs ailes clouées et  brûlées

Sur l’autel de tous les jours,

Plutôt que d’implorer les dieux pour la justice

ou  encore verser  des larmes sur les vallées épuisées de la lamentation

IL A VOULU ETRE JUSTE

Les portes en cristal du paradis sont fermées

Les papillons n’auront même pas droit à la pitié, se dit-il

Dans un temps ou les cieux sont une terre sans lumière, vide

Et les fleurs de l’amour pourrissent avant de naître

Sur le rebord des tombes…

IL A VOULU ETRE JUSTE mais aucun ange aveugle ne lui donna son épée

Nul héros antique ne lui murmura de secrets, nul vent

Chaleureux et chanceux  ne caressa les voiles de son navire…

A coups de dents, parmi la clameur  et la fumée noire

et l’envol de corbeaux

Alors muni d’un seul bâton et d’un foulard palestinien

Sous les yeux qui brûlaient

Dans l’épaisse mer des malheurs

Il entreprit  son odyssée…

Pendant que sa vie naviguait sur la crête des vagues

Il sut qu’il était une ville sur les collines de la richesse

Ou les corps dévorent les corps comme si c’était de  l’or…

Et qu’une autre ville grandit et grandit encore le dos aux ordures

Et  là bas, les âmes pleurent les âmes comme si c’était le pain de

dieu…

IL A VOULU ETRE JUSTE et traversa la muraille qui sépare les villes

Il sut que les murailles de pierres sont de tristes passions

Et que la dernière pierre est le silence

Il sut que les bouches du silence n’embrassent jamais

Et que le péché de pauvreté se paye par la mort…

Une nuit d’orage aux furieuses lueurs bleues

Il rêva de la déesse justice _on l’appelait Témis,

la mère des Parques_

Elle se hissait du fond des eaux et glissait

Comme un poisson de soleil entre ses draps froids…

Il s’approcha du feu, il chercha une étreinte. Elle refusa en riant.

Il sentit le mépris comme si elle était un chat de porcelaine

Tu peux juste me regarder et me désirer. Mon maître c’est la loi,

et le maître de la loi c’est le pouvoir, qui a lui-même un maître…

la mort, qui viola ma mère pour que je puisse naître _dit-elle_

et sa voix d’infante ressembla à la soie de l’aube

quand l’éclair la déchire…

Et elle sortit de sa vie comme elle sortit de son rêve

Nue et lointaine à cheval sur l’éternité…

Il ouvrit les yeux dans le noir d’une grotte de diamants…

Derrière les pins tardifs le désert bougeait

Plus rapide que le vent et aussi fragile

qu’une danseuse

Et plus loin, là ou le regard s’arrête sur les franges de

brouillard

Il put lire l’annonce de l’aube: la première étoile arrive maintenant…

La justice s’offense des passions, dit-il, presque en criant

ensorcelé par la lumière, hésitant encore

entre le rouge et les bleus qui abondaient…

Peut être la terreur lui aura  séché  les lèvres, dit-il, alors plus calme…

La justice serre son cul devant la richesse

et se pavane avec des airs de nymphe,dit-il, et il rit

avec le rire franc d’un marin…

Il vit mille  poulains en sueur au galop dans la pampa et pensa

encore une fois à la justice…

Sa beauté sent le cadavre mais elle ne le sait pas

Née dans un temps d’esclaves,  dit-il   enfin

avec tristesse et épuisa sa cigarette

comme l’on épuise la patience dans les fils de l’air…

IL A VOULU ETRE JUSTE. Retourna à son navire. A son voyage.

Dans les eaux de la misère et de la boue

De la douleur qui s’éternise et se rebelle

nue comme la nuit la plus nuit

Ou ne brille même pas la consolation de la lune…

IL A VOULU ETRE JUSTE. Là bas, c’étaient les usines fermées

Les écoles tombées comme des feuilles du pire hiver, hier encore dorées,

Et les hôpitaux aux files infinies de mères et d’enfants

Que n’apaisent ni les prières, ni les malédictions

Là bas c’était la prostitution et les tubes de colle

pour les enfants qui traversent les portes de l’enfer

Là bas les branches rachitiques et les voûtes humides

on voyait les matelas en lambeaux comme des fantômes,

pour que les vieux entre leurs toux et leurs crachats

jaunes fassent le dernier de leurs rêves noirs…

IL A VOULU ETRE JUSTE  et ouvrit son cœur à toutes les pluies…

Avec l’innocence du nouveau né

Avec la ferveur de celui qui décide de changer le monde

Jour après jour… heure après heure…

Jusqu’ à façonner de ses mains le miracle…

IL A VOULU ETRE JUSTE là ou le juste manque comme les lys dans

les terrains vagues

Il  choisit pour port  un quartier ou ce qui ne manquait guère

C’étaient  les chemins qui menaient

au cimetière

Il travailla dur pour faire les briques (le plus dur fut d‘entreprendre le  chantier)

Il travailla dur en construisant le centre de secours et la bibliothèque

Il travailla dur en remuant les consciences

Dans les pires des bidonvilles

IL A VOULU ETRE JUSTE:

que son action donne sens

à l’idée première de la vie

celle qui bouscule les âmes et les rêves:

lui donner comme but le bien commun

à la reproduction matérielle de l’existence,

pour que la jouissance du créé

après la nécessité,

en quête de la beauté

ne soit pas pervertie par la valeur  d’ échange

ni effrayée par l’usure;

Et plus encore: que l’égalité dans les joies

de la vie soit la plus grande des joies,

dans le voyage des corps amoureux

qui s’accrochent  à leurs navires…

IL A VOULU ETRE JUSTE et lorsque la faim est restée sans réponse

Il a ramassé des pierres pour accompagner les mots _et les mots

revinrent purs et plus sonores _

Et il coupa les rues, les routes, les ponts

pour ne pas couper

le fil doux de la vie.

Et il sourit de la belle arrogance du juste: nous ne sommes pas des éléphants

Qui mourons tout seuls…

Peu importe si eux ferment les yeux et nous méprisent, nous sommes toujours là…

Peu importe si eux nous déclarent la guerre, nous poursuivrons le voyage

Et avec les copains du quartier qui gardaient son navire

Il leva ses mains et les bâtons au ciel _tous ensemble _

Comme s’ils étaient la couronne triomphante de la terre…

Ce matin là, plus que jamais, la foule de toutes les demandes

était là

avec leurs cicatrices comme des milliers de couleurs

Sur leurs corps sans artifice.

Et plus que jamais les forces du pouvoir les attendaient

Habiles à leur façon,

Préparés pour une guerre de l’espace

IL A VOULU ETRE JUSTE ENTRE LES JUSTES.

En rage, avec toute l’écume de l’aube

Menaçant, prêt à piétiner la tête du monstre

A nouveau l’histoire s’obstina à montrer

Que les armes en main du pouvoir

Peuvent plus que les cœurs désarmés …

IL A VOULU ETRE JUSTE ENTRE LES JUSTES

Il aida comme il put dans le désordre du repli

Il s’occupa des plus désespérés

Il encouragea ceux qui souffraient (les balles

de caoutchouc devinrent des balles en  plomb)

Les yeux exorbités par les gaz et les visions de la douleur

Il ne cessa d’être juste…

Il brûlait,  il était trop jeune et n’avait pas encore goûté aux vins doux

de la nuit de  noces,

Il sentit qu’il vivait les vêpres de l’adieu

Il était repéré et ils le poursuivaient

Il eut à peine le temps de tenir la main de son camarade agonisant

Ce n’est pas bien de mourir seul …

Quelqu’un doit  prendre  son  regard …

Il est juste de mourir à ses cotés, se dit-il _peut être… _

…. Il tourna le dos au parti des assassins

Les tirs furent nombreux et il sentit qu’un nuage de bras

le hissaient une autre fois sur son navire

Et alors que le vent et les eaux le portaient d’est en ouest

Il vit que les rouges et les jaunes, humbles papillons du marais

N’avaient jamais été aussi brillants

Et brisaient de leurs ailes

Les portes en cristal du paradis…

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Nov 092010
 
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CURSOS:

Vicente Zito Lema – Taller de Escritura

LA PUERTA Centro de Pensamiento, Arte y Salud

TALLER DE ESCRITURA 2011

El arte como práctica de liberación personal y social.

Coordinado por Vicente Zito Lema.

CLASE INAUGURAL PÚBLICA Y GRATUITA: Algun dia de Febrero.

Vicente Zito Lema trasmitirá su metodología dialéctica de creación artística que denomina Antropología Teatral Poética.
El Taller se desplegará en cuatro instancias:
· Una investigación a partir de un suceso de la realidad social;
· escritura de textos a través de diversidad de géneros, formas y estilos;
· publicación y difusión de textos en diversos formatos y medios al alcance;
· puesta en escena o acto de intervención político teatral comunitaria.
En el 2011 el trabajo se centrará en el TALLER DE ESCRITURA.
La Antropología Teatral Poética no tiene por fin el entretenimiento ni la didáctica escolar; no sirve a la propaganda alienante del poder pero tampoco es pasto para diletantes; no es elitista sino social, y es romántica y utópica. Apela a un espíritu fraternal aceptando las diferencias, sin usuras ni especulaciones económicas o narcisistas. El artista que trabaje en la Antropología Teatral Poética sentirá resonar el dolor ajeno en el propio, en especial el de los pobres y excluidos, y su práctica lo identificará con la defensa de la condición humana esencial, que es la dignidad del ser, sin por ello renunciar a su ideología o a sus prácticas políticas. Por el contrario, las pondrá a prueba y las afianzará ante el desafío de libertad que provoca el verdadero arte.

Día y hora: Sábados 15 a 17hs. y 18 a 20hs.

Objetivos:

Taller de escritura
Creación artística
Metodología de investigación.
Puesta en acción y Producción de Obra: libro, fotografía, imágenes, audio, video, performance, obra de teatro, etc.

Duración: 2 meses cada módulo, inicialmente Febrero y Marzo.

Costo: $190 mensual.
1/2 Beca: solicitarla por carta a contacto@centrolapuerta.com.ar


CLASE INAUGURAL PÚBLICA Y GRATUITA: En Febrero, dia a confirmar.

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Nov 092010
 
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Memorando el 11 de Septiembre en Chile

Sueña una vez más Salvador Allende

Por Vicente Zito Lema. Pintura Magdalena Jitrik.

*****************************************

Si las manos de la abuela no tuvieran

esa mala enfermedad que las tiembla

por cierto cumpliría las reglas de su oficio

y haría un buen pan que tendría las formas

del rostro de Salvador

lo comeríamos en silencio cuando anochece

y así quedaría en nosotros mucha de la fuerza

del compañero asesinado

Tampoco cuesta imaginar que si la muerte al abuelo

no lo hubiera buscado

podaría sabiamente las ramas de la viña

para que otra vez su vino fuera una fiesta

lo pondría sobre la mesa

larga y de madera perfumada que resiste todo

como la patria de Salvador

la luna brillaría sobre la tierra

y el aire del patio sería el espeso aire

de las minas de cobre

por las que también luchaba

el compañero asesinado

El resto de nosotros no tiene buen oficio

las mujeres aman y sueñan

socorridas por la esperanza

arreglan la casa

o trabajan en inútiles oficinas

mi padre a su vez tiene los ojos azules

día a día más ausentes

y carga y descarga ese viejo revolver de

cowboy que nunca usó

Qué pueden ofrendar entonces

al compañero asesinado

más que una nueva tristeza o un brindis

de duelo en una vieja historia

Y si hay un oficio para esta noche

francamente estéril / acaso macabro

es este de escribir / sobre el agua / en el viento

cuando las palabras son herramientas

que han perdido todo su conjuro

ya no calman al tigre ni detienen el veneno

y si digo Salvador Salvador no aparece

ni se para la sangre de su boca

ni mira una vez más los celestes

ni ayuda a crecer al árbol que amaba

y por más que grite miserables / asesinos

los miserables y asesinos

seguirán fusilando por la espalda

uno a uno

a los francotiradores de lo único posible

seguirán bombardeando las fábricas la minas

seguirán enlutando

paseando las perras del exterminio

por los barrios de Santiago y Valparaíso

Pero aún así las palabras

esta noche de duelo

son carne podrida

es necesario sacarlas

hasta quedar más desnudos que nunca

más en hueso todavía

la guerra es larga continúa

y nuestro es sólo el balbuceo

estamos aprendiendo a hablar y a caminar

Ven Salvador

deja por un instante los silencios

danos tu mano que nunca será fría

y sueña una vez más con nosotros

en voz alta en alto cielo

Ha llegado el día de mañana

Ha llegado y para siempre.

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May 032010
 
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In memoriam de Jorge Di Pascuale;

cuyo cuerpo desaparecido en 1977 vuelve con nosotros…

*********************************************

Las sombras del ayer abren sus puertas, detrás

está el abismo… la muerte sucede en el pasado…

Van y vienen los recuerdos, siempre ansiosos, encendidos,

como un caballo que galopa bajo una luna

todavía en sangre, casi seca…

Ahí está la noticia; llega entre nubes rojas,

sin que el cielo se inmute, ningún ángel levante

su espada, ninguno de los dioses ruja…

En la fosa clandestina, pasando el río

de las grandes mugres y la vida deshecha

Hay restos de un hombre…

30 años y más del ayer, desaparecido…

Que identificado por el equipo forense…

Resultó ser…un líder sindical…

De una generación que quiso construir

el cielo en la tierra, alguien dijo…

Y se quedaron desnudos

Y era invierno

Y para colmo llovía…

Nadie cubrió con flores sus huesos

Ni tejió los días de la eternidad…

Van y vienen los recuerdos… La liviandad

del tiempo nos espanta… El compañero dejó sus huellas

en los bordes de nuestros cuerpos…

Cuando la patota militar entró a los golpes en su casa dijo: Nunca

dejaré de odiarlos…

Lo torturaron mucho. La agonía fue lenta. Ni siquiera

la piedad de un tiro de gracia…

El compañero es una historia –o mejor una leyenda–

del buen amor –cuando todo tambalea–

y la mejor lucha en los campos de Octubre

Que resucita…

Mientras su muerte sin castigo embiste

a los gritos en la noche de los gritos

contra la paz del inocente sin memoria

que no sabe / no contesta / que con jeta

de santurrón vomita: en algo andaban…

pasaron tantas cosas…

El compañero ha vuelto a las andadas…

Su nombre alienta; otra vez galopa…

Su cuerpo estuvo en la tierra…

Humillado en la tierra…

Desaparecido en la tierra…

Su noche en la noche de las noches ha

tocado fin…

Otra vez está aquí

como una nube sobre el cielo de verano

alentando el fuego / moviendo los sueños

En el viejo sindicato de la calle Rincón

Donde tu alma es tu memoria…

Y ahora hablaremos de vos entre los compañeros,

y alguno preparará el mate, y te abrazaremos

Como si estuvieras en el aire…

Porque el aire siempre nos abraza…

Nadie pide clemencia / el barco sigue andando

entre las aguas bravas…

Vos estás con nosotros y las estrellas relucen…

Lejanas, muy lejanas, pero relucen…

Buenos Aires, diciembre de 2009

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Apr 182010
 
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1. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Ahora que la lluvia

Ha perdido la luz de tus pasos…

2. Oh, alma mía

Qué será de ti…

El viento que apagó el fuego

Arde en el mar del último desierto…

3. Oh, alma mía

Qué será de ti…

La noche consume el brillo

Que anunciaba la rosa del alba…

4. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Mil sombras desnudan el olvido

Nadie besará tus labios fríos…

5. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Ese cuerpo que yace sobre el silencio oscuro

Gozó alguna vez con tu amoroso abrazo…

6. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Si la voz que despertaba el júbilo

Es hoy apenas una ofrenda de llantos…

7. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Sudamos las ataduras de la muerte

Sin otra paz que el tormento…

8. Oh, alma mía

Qué será de ti…

No hay piedad para el final de tu secreto

Sopla el sol un triste sudario…

9. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Mientras la belleza aún en agonías

No redima las huellas del espanto…

10. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Sufres ante el eterno combate

De las músicas con las tinieblas…

11. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Todavía en la fragilidad, no temas

Aunque mueran los que aman, el amor no cesa…

12. Oh, alma mía

Qué será de ti…

Ceniza eres desde el dolor, no temas

Ceniza de un sueño que renace enamorado…

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